La perspectiva que da la altura
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La perspectiva que da la altura

La perspectiva que da la altura

Muchas veces es necesario ver el valle desde un punto alto para volver a recordar lo bello que es, belleza que desde el propio valle no somos capaces de apreciar. La visión desde el valle es limitada y se restringe a los bordes, no somos capaces de ver por encima de las paredes que nos rodean y la única manera es escalarlas y ver desde lo más alto el resto de valles que no rodean o simplemente poder apreciar mejor el valle que el día a día no te permite mirar más allá de tus propios zapatos hasta llegar a pensar muchas veces que es lo único que hay.

Yo soy de Bilbao y vivo en un valle, botxito, lo llamamos aquí y tengo la necesidad de subir al Pagasarri y desde allí poder ver la belleza de mi Bilbao y del entorno que nos rodea. Muchas veces, a ras de valle nuestra perspectiva de las cosas es plana y necesitamos relieve y situación respecto el resto del mundo. Quizás por eso desde siempre me haya gustado subirme a las montañas y ver lo que se ve desde allí. Recuerdo perfectamente como de niño y mucho antes de esto del INTERNET y las centenas de canales de televisión, los límites de mi mundo lo marcaba aquello que era capaz de ver cuando me subía a la cima de una montaña.

En la montaña estoy feliz, me siento muy cómodo en ella independientemente del clima o de la morfología del terreno me da igual, quizás por eso, cuando corro en ella me siento vivo y se me cargan las pilas. En medio de la naturaleza, puedes sentir su belleza y su pureza, es lo que es sin medias tintas. Simplemente el verde o el amarillo del campo, los olores o los animales con los que a veces tienes la fortuna de coincidir te hace ver la vida de forma diferente y te hace replantearte muchas cosas como la inteligencia del hombre y la de lo animales.

Ayer no fue un buen día, pero instintivamente cuando salía correr mi mente llevó a mis piernas, prácticamente en automático a la montaña y tras muchas cuestas llegué a mi asiento privilegiado que no es otro que la cima del Pagasarri que con sus 671 metros domina Bilbao. De nuevo la altura me permitieron poder ver más allá del minuto a minuto a que te obliga el valle. Por si no tenía bastante con el desnivel, justo en la cima se quedó una nube que prácticamente en exclusiva se dedicó a refrescarme las ideas y de nuevo a coger aire para la próxima inmersión.

A veces, parece que vivo en una apnea constante, cojo aire en la montaña para poderme sumergir en el valle donde aguanto la respiración hasta que me quedo sin aire y de nuevo tengo que subir a la montaña a coger aire. Las montañas me gustan todas, altas o bajas, rocosas o herbosas, no tengo problemas me gustan todas o quizás sea más un problema de necesidad de coger aire para respirar y seguir viviendo.

El problema es que muchos habitantes del valle se han acostumbrado al aire embotellado y a la respiración artificial, eso le permite mantenerse en el valle y nunca subir a las alturas a respirar, para que. Una pena, realmente el aire fresco a los humanos nos sienta mucho mejor y nos permite pensar por nosotros mismos y no como los que nos venden el aire embotellado.

Quizás por esto antes subía andando las montañas y ahora tengo la necesidad de subirlas corriendo, cada día tengo la necesidad de llegar antes a coger aire, quizás por eso corra, simplemente por una pura necesidad de coger aire.

Un saludo
Aitor
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