AMANECE, QUE NO ES POCO
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AMANECE, QUE NO ES POCO

AMANECE, QUE NO ES POCO

Afortunadamente el sol sale todos los días y sale para todos. Con el amanecer empieza un nuevo día, cargado de oportunidades y de experiencias. Con el amanecer comienza nuestra aventura diaria y creo que es la manera de afrontar cada día, como un nuevo reto ante el que tenemos que estar atentos y totalmente receptivos.
 
Realmente hay días en los que realmente no apetece salir de la cama y no por pereza o sueño sino porque representa el pistoletazo del nuevo día y esto trae consigo tener que afrontarlo. Solo tenemos una vida y la tenemos que vivir plenamente, lo importante en nuestra vida es el camino y lo que disfrutemos de él, aún en los momentos duros que a lo largo del mismo hay. Como humanos nuestro final está claro pero hasta que este llegue tenemos que intentar vivir al máximo nuestra día a día y de esa manera nos mantendremos vivos nosotros y todos los que tengamos a nuestro alrededor.
 
Siempre intentar sonreír aún cuando no podamos, es un ejercicio sano para nuestros músculos y extremadamente contagioso para las personas que nos rodean. La sonrisa, provoca calma, alegría y mucha paz a quien la práctica.
 
El amanecer es un momento muy especial cuando estás realizando actividades en montaña, primero comienza aumentando la luz y poco a poco empiezas a notar el calor, mínimo pero como se agradece. Recuerdo en Alpes, levantarte a la 01:00 AM para desayunar y a las 01:30 comenzar a caminar en la oscuridad con tan solo la frontal que se convierte en tu única luz. Son horas de esfuerzo, oscuridad y frío caminando hacia un objetivo que parece lejano pero que en la medida que poco a poco vas avanzando, este se acerca. 
 
La oscuridad trae el frío y este se convierte en aliado permitiéndote avanzar por zonas donde no podrías avanzar con sol o calor por el miedo a avalanchas de piedras, de nieve o hielo. Son horas, donde se intenta avanzar todo lo posible antes de que salga el sol. La oscuridad siempre es enigmática, negra y fría. La luna se convierte para nosotros en un astro mágico y con el que mantenemos una relación muy especial. Su luz nos ha iluminado muchas noches y a pesar de no dar calor, su luz tiene algo mágico que provoca calma y mucha energía. Ya no te sientes solo, la luna te acompaña y como queremos creer es la madre que nos cuida. Correr, escalar o esquiar a la luz de la luna es algo mágico.
 
En la inmensidad de las montañas, no somos más que unos seres minúsculos, cargados de sueños y con muchas ganas de aventura que lo único que queremos es estar ahí, sentirnos parte de ellas y sentir la gran fuerza que trasmiten sus piedras, sus campas o sus bosques. Cuando nos acompaña la luna, es como si nos arropara y se convierte en nuestra compañera hasta la salida del sol.
 
La salida del sol en la montaña es un momento espectacular, supone que el día poco a poco vence a la noche, dejamos la oscuridad y caminamos hacia la luz. Un nuevo día comienza y todo es posible. El calor de los primeros rayos de sol es algo que se debe sentir, es imposible contarlo. Es una sensación especial cuyo recuerdo te acompaña siempre, es un recuerdo que parece mágico. Aun después de pasar tiempo, cuando vuelves a recordarlo, lo vuelves a sentir.
 
Hoy cuando venía a trabajar esta mañana, en la montaña, he visto amanecer y la silueta de la montañas al fondo y su luz me han traído grandes recuerdos, hoy la noche ha sido muy calurosa pero a mi me ha calentado por dentro y me va puesto las pilas para afrontar este nuevo día y lo quería compartir con todos. Todo es posible y somos nosotros los que lo podemos hacerlo posible. Así como el sol se levanta todos los días, nosotros nos podemos caer pero siempre podemos levantarnos, debemos ser el calor y la luz de nuestro alrededor.
 
Debemos ser el sol de todos aquellos que no han visto hoy amanecer.
Mucho animo y a por el día.
Aitor 
 
 
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