Carreras Populares ¿Existen o es un mito?
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Carreras Populares ¿Existen o es un mito?

Carreras Populares ¿Existen o es un mito?

Como os he podido informa a través de este medio, yo personalmente el año pasado tuve la oportunidad de comprobar que existen, al menos en Fuenteventura.  Precisamente fue el año pasado nada más llegar a la isla, cuando mi buen amigo Jorge Marante me lío para correr una carrera popular de 5.000 m. Resulta que un club deportivo de la zona había pedido los permisos correspondientes al ayuntamiento, habían liado a los de la Cruz Roja de la zona para disponer de una ambulancia y se había montado una carrera. Unos corrían 2.500 metros (1 vuelta) otros 5.000 (2 vueltas) y otros lo que podían. El caso era buscar una escusa para juntarse y practicar un deporte que a todos los que estábamos allí nos apasionaba,. La receta era sencilla: correr, pasarlo bien y conocer a gente que le gusta lo mismo que a ti.

Para apuntarte dabas tu nombre y te escribían a mano en una lista, te daban un dorsal e imperdibles. Para diferenciar los participantes del 2.550 y del  5.000 nos daban pulseras de goma de diferentes colores y era totalmente gratis. Total  que uno de los responsables dio la salida con un silbato y todos nos lanzamos a correr con la misma pasión, ilusión que si nos jugáramos las olimpiadas. Al final siempre cuando corres lo das todo, porque es lo que te pide el cuerpo, cada cual según su capacidad, pero todos lo damos todos.  Tras terminar la prueba todos dedicamos un buen tiempo a los otros, intercambiando anécdotas sobre la carrera. Básicamente a socializarlos con los demás y a pesar de ser el único peninsular me hicieron sentir como un canario más. Lo mejor estaba por llegar, después de la carrera un bar local ofrecía una paella comunitaria para participantes y familiares. Realmente me dejo muy impactado y me hizo recordar aquellos años cuando las carreras populares en la península eran otra cosa.
 
 
Este año, me he planteado un calendario de carreras bastante exigente orientadas a la preparación para el año que viene de una de las carreras que transcurre por uno de los paisajes de montaña que más me han impactado durante mis años en la montaña, efectivamente se trata de la Ultra Trail del Mont Blanc. Son básicamente pruebas de largo recorrido con enormes desniveles que se mezclan con pruebas en zonas muy técnicas de alta montaña y con pruebas de la EMF. En algunas de ellas he tenido que apuntarme con casi un año de anticipación y he tenido que reservar alojamientos a precios totalmente fuera de cualquier lógica de mercado. Todo ello ha creado una situación muy extraña en mi cabeza, es una mezcla entre mandar todo a la mierda, no formar parte de este circo que estamos montando entre todos y una necesidad casi física de competir, de estar continuamente reafirmando a través del esfuerzo y la superación. Mí día a día es muy complicado y creo que necesito de una reafirmación externa aunque esta venga en forma de endorfinas. Sin embargo el pasado domingo, sucedió un hecho que me ha hecho plantearme que todo no está perdido aún y que hay mucha gente que le gusta organizar carreras para que nos juntemos los amigos y pasemos un rato muy divertido.
 
Os cuento, este domingo se celebraba en la Ikastola Etxaurren un Cross del Calendario Escolar de la Federación de Alava de Atletismo. A pesar de que el peque corre en alevines con Lauro Ikastola y está inscrito en la Federación Vizcaína de Atletismo se inscribió como popular. Lo que quería era corre con otros niños de su edad y pasar una mañana divertida. Ya que estábamos allí, me lio para correr del Cross sobre una distancia de 3.500 metros. A todo esto, los populares dimos el nombre en una mesa, nos apuntaron esta vez en el ordenador y nos dieron dos imperdibles con el dorsal.
 
Nuestra carrera fue la última y como la mañana estaba resultando muy dura por las condiciones meteorológicas, hasta los jueces se marcharon. En una ambiente total de fiesta y entre muchas risas a pesar del tiempo, se dio la salida. La prueba fue especialmente dura por la fuerza del viento y por lo embarrado e inclinado que estaba el trazado, pero lo pasamos como auténticos niños. Lo mejor, ver la cara de nuestros hijos que antes habían sido ellos los protagonistas, viendo a sus padres como peleaban contra la distancia, el viento, el barro y el agua. Y como al llegar a la meta, todos nos saludábamos y a pesar de lo que llovía no parábamos de charlar y de reírnos de las caídas, del barro o del árbol que había que agarrar para dar la curva.
 
 
Al llegar a la meta, nos dieron una botella de agua, un bocadillo de chorizo y un recuerdo de la ikastola. Realmente increíble lo que se estira el dinero para unos y lo que se encoge para otros. Después de la carrera a la ducha a quitar el barro y ponerse de paseo para tomar el aperitivo del domingo.
 
 
Eso sí, en el vestuario no faltó una charla animada entre compañeros de afición. Estos son a mí entender los valores que debe potenciar el deporte: la humildad, la generosidad, el esfuerzo, el compromiso y sobre todo la amistad.
 
Todavía hay esperanza, yo he encontrado una carrera popular y me costa que cada día hay más. Que se olviden de obsequios o el que los quiera que los pague pero nos permitan correr simplemente porque es lo queremos hacer. Corremos para ser felices y para hacer felices a los demás. Ya si llevas el primero, tiene que ser la leche pero eso ya es otro asunto.
Un abrazo
Aitor
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