Tropezar, caer y seguir
16086
post-template-default,single,single-post,postid-16086,single-format-standard,bridge-core-2.3.1,ajax_fade,page_not_loaded,,no_animation_on_touch,side_area_uncovered_from_content,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-22.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.2.0,vc_responsive

Tropezar, caer y seguir

Tropezar, caer y seguir

El título del post de hoy, no esconde ningún mensaje motivador sino una realidad con la últimamente me toca pelear en los entrenamientos largos. Será porque voy más rápido o será que cada día estoy más atontado, el caso es que últimamente tengo la mala costumbre de golpear a las piedras en lugar de superarlas. Y que conste que no me han hecho nada y no las quiero molestar pero en el momento que pierdo la concentración me engancho y al suelo.

 
Quizás a todo ello haya que sumarle el cansancio o el exceso de confianza, pero la verdad es que últimamente me ido al suelo demasiadas veces y en lugares rocosos bastante delicados. Afortunadamente suelen ser sin mayor importancia aunque en algunos casos el golpe ha sido fuerte y he tenido que correr muchas horas con un fuerte dolor o con cortes en piernas, brazos o manos. Cómo se suele decir en tono irónico, solo ha sido «chapa y pintura» aunque el cuerpo se ha llevado un fuerte golpe.
Unas veces, las zapatillas resbalan, otras agarran demasiado y en lugar de deslizar, te frenan y la sensación es igual a que te pongan la zancadilla. Para cuando te das cuenta, estás ya en el suelo. Son décimas de segundos, si el terreno lo permite igual puedes salvar la caída sino el cuerpo se protege para intentar hacerse el menos daño posible. En mi caso, cuando el golpe es inevitable no hay otra solución que relajarse para hacerse el menor daño posible.
 
Este fin de semana, tocaba de nuevo acumular horas y kilómetros. En esta ocasión, adapté un poco el entrenamiento para poder disfrutar de la familia pero manteniendo la carga planificada. El sábado lo destiné a correr por un itinerario bastante completo, que incluía: desnivel, zonas muy técnicas y otras muy rápidas. El objetivo era machacar piernas para ver cómo aguantan al esfuerzo y intentando comer más de lo habitual para ver en qué medida el cuerpo se recupera mejor y más rápido del esfuerzo. Además sigo probando la bolsa de hidratación con resultados muy positivos. En esta ocasión, la mochila de carrera llegaba casi a los 4 kilogramos de peso. Para los más ligeros de este deporte, les parecerá una salvajada y para los más clásicos un peso normal. Personalmente creo que está un poco en el límite y que incluso en una carrera de larga distancia, donde el material exigido sea muy específico y completo, deberíamos no intentar superar los 4 kg. Una excepción puede ser cuando nos exigen crampones de 12 puntas, que de media suelen tener un peso de 450 gramos, No es habitual que nos los pidan pero yo ya los he llevado en carreras como: Travesera o Gran Trail Aneto – Poset.

La bolsa de hidratación me da mucha tranquilidad, me olvido de tener que buscar agua y me puedo dedicar a beber de forma más frecuente. La experiencia me ha demostrado que cuanto más bebo mi musculatura va mucho mejor, se comporta mucho mejor. De esta manera, puedo tomar cada 30 minutos una cápsula de sales de la marca 226ERS y un sorbo de agua de los botellines o de la bolsa de hidratación.

La primera dificultad del sábado era el Tologorri. Precioso pico de la Sierra Salvada que debido a su ubicación, el viento, el frio y la niebla suelen ser protagonistas. Esta singularidad climática es un factor a tener en cuenta, cuando planificamos el itinerario para nuestro entrenamiento. En esta ocasión, el tiempo acompañó y a pesar de hacer un poco del frío, la visibilidad era total y la roca estaba seca, perfecto para poder ir muy rápido, pegando saltos entre rocas. Diversión por todos los costados. En la cima coincidí con muchos montañeros que habían subido desde Lendoño por la senda negra (preciosa subida, muy recomendable). Desde casa hasta la cima todo subir, después toca una bajada fuerte para de nuevo volver a alcanzar el cordal de la sierra que nos llevaría a través de un sendero precioso hasta el Txarlazo, donde nos está esperando la Virgen de Begoña que desde lo alto de la sierra cuida de todos nosotros. 

Foto: Virgen de Begoña

Junto a este magnifico monumento, aproveché para comer una barrita, hidratarme y divisar el camino que todavía me quedaba por delante, aún no había llegado a la mitad de lo planificado. Casi al final de la bajada camino de Pico del Fraile tuve la primera caída, en esta ocasión un falso apoyo lateral provocó que me iría de cabeza y la mano derecha paró el golpe. Como resultado un fuerte corte en el dedo pequeño de la mano derecha por el lado de la palma. Aunque sangraba bastante, el corte no parecía profundo. Lo primero, limpiarlo bien para que no se infecte. Lo mejor, coges un sorbo largo de la bolsa de hidratación y luego lanzas el agua a presión para limpiar la herida. De esta forma, no tienes que tocarla con la otra mano que seguro como consecuencia de la caída estará sucia.

Tras la caída, rabia y mucha mala leche. Este tipo de caídas suelen llevar asociadas posturas musculares que pueden acabar en calambres que te pueden impedir seguir corriendo. Generalmente el mayor riesgo suele ser muscular. Me enfadé mucho, no me tenía que haber caído, me podía haber hecho mucho daño y tener que dejar de correr. Sé que me tengo que tranquilizar y relajarme, sino la probabilidad de volver a tropezarme es muy alta.

Cuando consigo relajarme llego al tramo del entrenamiento que más barro siempre tiene. Tengo que ir muy atento para no forzar ni un solo músculo, precisamente cuando estoy pensando esto me resbalo y al suelo. Por lo menos es blando, aunque la malla acaba de cambiar de color. Afortunadamente muscularmente estoy bien. El barro lo disfruto mucho en el monte, pero cuando estoy en un entreno largo, me pone un poco nervioso ya que un mal resbalón te puede suponer un tirón o un calambre muscular que te puede atormentar todo lo que queda de entrenamiento.

Dejo atrás, el barro y pronto comienza una zona más rápida, donde poder correr más y con menor riesgo. Pero de nuevo, la confianza me traiciona y justo en el momento de ver mi siguiente objetivo, me tropiezo. Esta vez, el golpe ha sido muy fuerte. Tengo cortes en los nudillos de la mano derecha, piernas y brazos. Me cuesta levantarme, el golpe ha sido muy fuerte, me duele el pectoral en la parte superior derecha. Me cuesta levantarme y coger aire. Me asusto un poco, me duele mucho y no tengo claro que no me haya roto algo, parece muscular pero no tengo criterio para juzgar.

Foto: Salto del Nervión

Con el susto en el cuerpo, comienzo a correr. Me cuesta correr, me duele y me asusto. Decido hinchar uno de los bidones a tope, parece que el dolor es menor y decido seguir para evitar que se enfríe. Precisamente ahora comienza una zona muy técnica que termina en el Salto del Nervión, además a estas horas un sábado suele haber mucha gente (últimamente se ha vuelto una zona muy concurrida, normal es precioso). Afortunadamente, no me encuentro tanta gente, la piedra está seca y no hay mucho barro. Puedo hacer el tramo muy rápido, incluso disfrutando bastante entre piedra y piedra. Con la gente, ningún problema, hay sitio para todos. Al final, el respeto y el sentido común debe ser el protagonista aunque a veces creamos que él monte es nuestro (aunque casi sea cierto) pero al final es un entorno que debe ser disfrutado por todos.




Foto: El ascensor del Nervión

Cómo se ve en la foto, en esta ocasión el Salto del Nervión tenía agua, poca pero tenía. El sábado el viento entraba desde abajo y levantaba el poco agua que caía creando un efecto preciso. No todo va a ser correr, debemos disfrutar de estos placeres que nos ofrece la naturaleza, yo nunca me cansaré de ver caer el agua en el Salto del Nervión. Me parece algo mágico.

Desde aquí, hasta Berberana una hora. Primero tenemos un ascenso entre hayedos fácil pero largo para una vez que alcancemos la parte más alta solo queda una larga bajada de entre 25 y 30 minutos corriendo a buen ritmo. Por fin llego, al final del itinerario. Aquí he quedado con la familia para tomar un café en Casa Amparo y luego hacer juntos andando los últimos 4 kilómetros del itinerario planificado para el sábado.

Tras este buen entreno del sábado, el domingo tocó ruta andando en familia. Tenía ganas de investigar y había un itinerario que hace tiempo quería ver si éramos capaces de encontrar una ruta transitable que nos llevase hasta lo alto del puerto de Orduña. El día, era perfecto para aventuras de esta clase,. Al no haber niebla, siempre acabas encontrando un camino por el cual se puede pasar sin destrozarte piernas y brazos por los arbustos. Este tipo de monte, es peligroso porque poco a poco se va cerrando y para cuando te das cuenta te has metido en una zona de la cual no tienes por donde salir. La verdad, es que tuvimos suerte y encontramos el camino sin especiales incidencias. Aunque una vez que llegas a lo alto del Puerto de Orduña, toca bajar y qué mejor que aprovechar y hacerlo en dirección a Berberana y así de paso hacer una parada en el bar del pueblo. Al final, el paseo, se fue a 18 km pero lo pasamos de maravilla. Otra forma de hacer cuestas largas. En buena compañía el desnivel se lleva mucho mejor.

Veremos cómo evoluciona el golpe, que aun durante el domingo todavía me molestaba, sobre todo al toser. Como se puede ver en la foto con el que se ha iniciado este post, la zapatilla INOV 8 TRAILROC 285 también se ha llevado lo suyo.

Saludos
Aitor












 

No Comments

Post A Comment