Ronda dels Cims 2.019 (Capitulo 6: Pas de la Casa – Ordino)
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Ronda dels Cims 2.019 (Capitulo 6: Pas de la Casa – Ordino)

Ronda dels Cims 2.019 (Capitulo 6: Pas de la Casa – Ordino)

Ya estoy en Pas de la Casa. Este año la base de vida está ubicada en la guardería de la estación de esqui. El espacio está un poco ajustando pero la organización se las ha ingeniado para que tengamos de todo y estemos cómodos a pesar de que la altura de la sillas y las mesitas sean de tamaño infantil. Me ha costado llegar pero aquí estoy y en un tiempo muy discreto considerando que mi ritmo bajando es muy lento y en algunos momentos es cero.

 
Nada más entrar, lo primero que veo es a Javier y Alberto (mis amigos malagueños preparando todo para comenzar su última etapa. Nos damos un saludo que me reconforta muchísimo. Estaban muy preocupados y cuando me han visto aparecer sus rostros han mostrado una sonrisa difícil de olvidar. Que bonito es que alguien esté pendiente de que te encuentres bien. 
 
Dejo todo el equipo donde están ellos comiendo y pregunto si es posible un masaje. Instantáneamente me acompañan a una camilla y comienza la paliza. Le identifico a la masajista los problemas que tengo con mi vasto interno y que no se preocupe si nota que me duele, que no pare. Lo importante es conseguir aliviarlo un poco para que me deje continuar. Yo lo tengo claro, quiero seguir. Aparentemente parece que muscularmente está cargado pero que no hay nada roto. Cuando termina con mi pierna izquierda comienza con mi pierna derecha. Me comenta que está también bastante cargada, al parecer, mucho más de lo que yo pensaba.
 
El masaje de piernas, se completa con un mensaje estupendo de espalda. No me quiero levantar de la camilla, estoy en la gloria. Menudo trabajo que ha tenido la masajista conmigo, le doy mil veces las gracias, me ha devuelto a la carrera. Tras el masaje espero en compañía de mis amigos los malagueños a que llegue la familia. Unos minutos antes de lleguen me despido de ellos con dos apretones de mano que tardaré mucho tiempo en olvidar. Nos deseamos mucha suerte. Egoístamente, creo que yo voy a necesitar un poco más que ellos. Están muy fuertes y se tienen el uno al otro. Seguro que les va muy bien.
 
Sin darme cuenta y sin tiempo para pensar mucho llega la familia. Empleando los autobuses que ha dispuesto la organización han estado conmigo primero en Margineda y ahora en Pas de la Casa. Necesito darles un fuerte abrazo. Me cambio de ropa completa, me limpio con cuidado los pies y decido seguir con las mismas zapatillas. Voy muy a gusto con los pies y prefiero tocarlos lo menos posible. Ahora toca reponer fuerzas, comer y beber para reponerme totalmente. La verdad que estoy un poco cansado de tanto caldo, me apetece cambiar mucho. El hotel donde estamos alojados en Ordiño ha preparado para mi familia: 2 ensaladas de pasta y 2 bocadillos de jamón con tomate. Me ofrecen uno de ellos y lo devoro. Nunca había comido algo tan rico. Lo acompaño de un poco de PEPSI. Sus burbujas, azúcar y cafeína me sientan muy bien. Les acabo de dejar sin bocadillo. Decido dormir un poco, a la familia le sorprende, no es algo que haga habitualmente en las carreras de larga distancia. Lo pienso un poco y decido dormir una hora. Me acompaña el peque hasta la litera para saber donde venir a buscarme cuando venga a despertarme. Alucina un poco con el espectáculo que se encuentra.

Me tumbo en la camilla, me pongo la manta y me quedo frito toda la hora. Ni me entero, podía haber acabado el mundo y a mí me habría pillado durmiendo. Puntualmente el peque me viene a despertar. Me levanto instantáneamente, sin quejas y con muchas ganas de continuar la aventura. Ya estoy listo para seguir. Llegué a Pas de la Casa a las 20:41:09 y me voy a las 23:00:19. Hasta ahora el mayor tiempo en una base de vida ha sido de 1 hora y en esta ocasión nos hemos ido a 2:41 horas. 

Casualidades que tiene la vida, justo cuando me están acompañando en los primeros metros del parking, coincidimos con un corredor que se había retirado de La Ronda dels Cims y que ahora estaba haciendo la asistencia a un español con el que inicio la aventura. Pues resulta, que le estaba haciendo la asistencia a mi amigo Antonio de Vigo, el gallego con el que llegué al refugio de la I´lla. Gracias a este corredor, mi familia puede volver de nuevo a Ordino. Muchas gracias, antes era algo normal: ayuda, colaboración etc, cada vez somos más individuales y la ayuda a los demás se está quedando en un segundo plano, una lástima.

Este año, la base de vida, está en la parte alta de la estación. La ubicación habitual está en obras. Recorro los primeros kilómetros sobre una pasarela preciosa de madera, pero cuidado, los palos se quedan enganchados entre tablas. Por fin, parece que termino de salir de la estación. Veo el puente que lleva al túnel de Grandvalira y me cuesta encontrar el camino.

Por fin, descubro que pasa por debajo del puente. La entrada es un poco caótica, caminamos entre restos de escombros y rellenos que se emplearon cuando se urbanizó el puente. Me vuelven los dolores en la pierna izquierda, de nuevo el vasto interno me duele mucho. No puedo apoyar, voy arrastrando el pie izquierdo entre los escombros de la  bajada. Paso por debajo del puente, el camino continúa descendiendo. Mentalmente pensaba que tocaría subir, esta bajada no la tenía controlada (culpa mía por no leer en detalle el RoadBook de carrera). Me hundo literalmente, he pasado de salir hace 10 minutos al 100 % a estar totalmente hundido. En la auténtica mierda emocional.

Decido darme la vuelta, no puedo soportar tanto dolor. Es real y muy intenso. No tengo la cabeza para afrontarlo. Me siento, pasa un corredor que se preocupa por mi situación. Le agradezco mucho su interés y le digo que no se preocupe que todo está bien. Llamo a la familia entre unas grandes lágrimas. Mezcla de rabia, dolor y desesperación. Ya no puedo más, esto se acaba. La familia está bajando para Ordino y no pueden dar la vuelta. Me siento muy solo y sobre todo en estos momentos, me siento totalmente tirado. No tengo fuerzas para seguir y menos para volver a la base de vida. Escribo a Carlos para contarle mi situación y mi decisión de abandonar la prueba. Ya está decidido, esto se ACABÓ. Físicamente salvo el dolor del vasto interno, estoy muy fuerte. Pero de cabeza, estoy totalmente muerto.

No paro de llorar, estoy hundido literalmente. De repente, aparece un ángel andorrano. Un corredor veterano andorrano, que al verme todo tirado se para y comienza a hablar conmigo. Después de años de su primera participación en La Ronda dels Cims y aprovechando su jubilación ha preparado a conciencia la edición de este año de La Ronda dels Cims. Comenzamos a hablar y a intercambiar nuestras experiencias, poco a poco mi cabeza va dando la vuelta a una situación mental que sin ninguna duda me va a pasar factura en un futuro.

Le pregunto, si le importa que haga una llamada y me dice que claro, sin ningún problema. Llamo a la familia y les cuento que he decidido seguir. El intervalo de tiempo entre ambas llamadas ha sido muy dura para ellos. Me animan a seguir, están convencidos que puedo terminar esta aventura. Han decidido ir al avituallamiento del Vall d’Inclés. Intentarán llegar con el autobús de la organización que sale desde Ordino.

Comienzo a ponerme en marcha con este nuevo amigo que está teniendo mucha paciencia conmigo. Su compañía ha provocado el cambio de chip y mentalidad que necesitaba. He dado la vuelta a la cabeza, mentalmente estoy muy fuerte. He conseguido darle la vuelta a una situación muy dura, todo gracias a la familia y al tiempo que me ha dedicado este andorrano. Muchas gracias, amigo. No tuve tiempo de agradecerte todo tu cariño.

Comenzamos a descender juntos hacia el fondo del valle. Los dolores no han desparecido, no puedo seguir el ritmo de mi nuevo amigo. Me despido de él dandole las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Mi cabeza está al 150 % y el dolor lo puedo gestionar. Según se suaviza la bajada, puedo ir más rápido. He vuelto a la carrera, han vuelto la alusión y las ganas por pelear. Llego a Rebaixant del Maià, cambiamos de dirección hacia el noroeste, siguiente el río San José. El camino es complejo, lleno de agua y de agujeros. Por dos veces, estoy a punto de resbalar y caer al rio.

Pongo un ritmo muy fuerte pero muy cómodo para mí. Necesito sentirme fuerte y asciendo muy rápido el fuerte desnivel hasta alcanzar el collado a 2.565 metros de altura. Tras bromear con el voluntario del control comienzo a correr por un tramo que es llano hasta el Pas de Vaques.

La bajada es fuerte pero no está muy rota, lo que me permite bajar bastante bien y con un dolor muy soportable. Enseguida alcanzo el lago de Siscaró y tras una bajada ya un poco más fuerte llego al refugio del Siscaró. Tras comer y beber bien me despido de los voluntarios y comienzo la bajada hasta el avituallamiento del Vall de Inclès. La primera parte se hace por un camino estrecho y posteriormente por el bosque hasta coger un camino ancho y pedregoso que nos lleva al final del valle.

Cuando me estoy aproximando veo a la familia que me están esperando al borde el camino. Pena no tener una foto. Están con los plumíferos puestos y metidos dentro del saco de plumas. La verdad que en el fondo del valle la humedad es muy intensa. Nos fundimos en un abrazo muy intenso, he llegado hasta aquí y todo gracias a ellos. 

El autobús de las organización les ha dejado a la entrada del valle y han tenido que recorrer andando los 3 km que separa este punto de donde se encuentra el avituallamiento. El chofer del autobús no ha querido entrar argumentando que la carretera es muy estrecha. Pero la vuelta todavía ha sido más frustrante para ellos. Después de despedirse de mí, toca recorrer andando el camino de vuelta hasta la parada donde les ha dejado el autobús (3 Km) Supuestamente, según el horario de la organización un autobús debería haber pasado por Incles a la hora que ellos estaban en la parada. El autobús no apareció, tendría prisa por subir a Pas de la Casa y no entró por si había alguien esperando.

Durante los 3 Km de vuelta, ningún coche de los numerosos que se cruzaron con ellos y que teóricamente venían de haber hecho la asistencia a algún corredor de La Ronda dels Cims se paró. Creo sinceramente que el espíritu de colaboración y compañerismo que promulga los organizadores no ha calado entre muchos corredores y sus familias. Cada cual, salvo raras excepciones va a lo suyo y si puede mira para otro lado. Total que después de llegar a la parada del autobús y tras permanecer casi una hora esperando el autobús no ha aparecido.

Han llamado a un taxi, pero a esas horas de la madrugada están a tope. Solución, ir andando hasta Tarter y sino hasta Canillo. Si idea era, desde alguno de estos dos puntos coger el autobús de linea hasta Andorra la Vella y después a Ordino. En domingo, los primeros autobuses comienzan a las 09:00 AM en lugar de las 06:00 AM. Afortunadamente, llegando a Tarter, mi mujer consiguió parar un taxi, que venía de Soleu. Esto sí, que es una aventura y no la mía. Enorme, la familia y lo que han tenido que hacer para apoyarme y que siguiera adelante. 

A fecha de hoy, este acto de amor me ha marcado mucho más que la propia carrera. Lo que vale son las personas, su valor y su poder de sorprendernos diariamente. Creo que la experiencia vivida por ellos, tiene mucho más valor que mi avituallamiento en Inclès. Este valle y varias de sus rutas las hemos hecho en familia y lo conocemos bastante bien. Pero para un futuro, lo que va a quedar es el pedazo de asistencia que me han dado y no si era el Km 142 o si iba bien o mal. Lo que siempre me va a quedar es este acto de amor, humanidad y de pasión de ellos dos hacia a mí. Ellos, sí que tienen mérito y no lo mío. 

Después de esto, todo lo que yo os pueda contar carece de importancia. En su momento, no me impactó tanto pero ahora al tener que volver a recordarlo para escribirlo me ha hecho meditar mucho y he tenido que dejar de escribir. Creo que tengo la obligación de acabar la crónica aunque solo sea como información, que espero que sea de utilidad, para quien en 2020 piense apuntarse a esta aventura.

A la salida del avituallamiento, la humedad, todavía se nota mucho más. Noto frío y me pongo la chaqueta de Goretex Active. Entre la humedad y el frío me empieza a entrar de nuevo el sueño. No falla, un poco antes del amanecer siempre tengo los mismos ataques de sueño. En uno de estos, me quedo dormido y al intentar parar la caída parto el palo (a este ritmo voy a ser cliente VIP de LEKI).

Según voy subiendo voy viendo cómo se ponen verticales los frontales de los corredores que van delante mío. Llego al refugio de Cabana Sorda y decido dormir un poco. En estos momentos no tengo ninguna gana de subir este tremendo paredón. Ahora no me apetece. Duermo a penas 30 minutos dentro del refugio, pero me sientan como 2 horas. 

Comienza a amanecer y ante mi puedo contemplar toda la belleza del circo y de su lago. Las vistas me cargan mucho los ánimos y comparto este sentimiento con los voluntarios del control. Salgo con muchas fuerzas primero sobre una senda pedregosa, luego sobre césped hasta alcanzar la última rampa que nos lleva a la cresta. Estoy pletórico, puedo con todo, mi ritmo es sorprendente y alucino un poco lo que puede hacer un poco de sol y unas vistas maravillosas. Me encuentro muy cómodo en la montaña y estoy disfrutando mucho de ella a pesar de los problemas físicos. Imaginaros, no hacer tenido la oportunidad de ver este amanecer, habría sido una pena.

La bajada sobre una camino pedregoso nos lleva al refugio de Coms de Jam. La bajada ha sido un poco dura para mi pierna pero nada que una mente motivada no pueda superar. No tengo ninguna prisa, hace ya unas cuantas horas que el objetivo de tiempos ha desaparecido. Me dedico a disfrutar de la compañía y de la conversación de voluntarios / participantes que encuentran en el refugio. No tengo ninguna prisa y allí estoy de maravilla: como, bebo, me río, me tomo un buen café y por fin me despido con gran pena de ellos.

Salgo del refugio como si habría perdido algo. La pendiente no es muy fuerte aunque estos 3 kilómetros parecen 6 km, parece que no llegas nunca. Por fin, tras unos 400 últimos metros más fuertes llegamos a la cabaña donde está el control. Subimos un poco y ya está, alcanzamos la Callada dels Meners. La alegría es indescriptible, me acuerdo de mucha gente gracias a la cual yo estoy allí. Las vistas son una auténtica maravilla, casi comparable con la fuerza con la que el sol pega sobre nuestras cabezas. Aprovecho bien el momento, aunque estoy inquieto por llegar al refugio de Sorteney cuanto antes. No porque tenga ninguna prisa, sino porque es mi último obstáculo antes de Ordino. Tengo que bajar y eso para mi vasto interno no le va muy bien. Afortunadamente la bajada la conozco aunque reconozco que se me ha hecho más larga de lo que me hubiera gustado, sobre todo en la parte final. Llego al refugio andando, no tengo ninguna necesidad de correr y todavía me faltan 12 kilómetros que desde el Serrat seguro que se me harán muy duros.

Llego al refugio de Sorteny, todos los participantes que van delante mío no paran. Yo sí lo hago y además casi 30 minutos. Me apetece disfrutar de la gente que allí me encuentro y sobre todo de las vistas del refugio. Hago un avituallamiento muy tranquilo y sobre todo bebiendo mucho para prevenir el calor que vamos a sufrir desde el Serrat. Me despido de los voluntarios agradeciéndoles su cariño y dedicación. Gente de 10, impresionante su trabajo.

Una carrera y más como La Ronda dels Cims donde son muchas las horas que dura nuestra aventura, tienes la oportunidad de encontrarte con todo tipo de gente. Con caracteres, objetivos y forma de entender la montaña muy diferentes. Lo siento soy un romántico. Gracias a mis años he vivido una montaña mucho más romántica, donde todos compartíamos lo poco que teníamos. Eso venía buscando en La Ronda dels Cims y me he quedado un poco frío aunque haya podido compartir carrera con compañeros que les llevaré para siempre en mi corazón.

Abandono el refugio andando y llego andando hasta el Serrat. Atravieso la carretera y vamos hacia la «Ruta del Ferro». El camino es ancho y plano. Poco a poco me voy encontrando con las esculturas que decoran la ruta del hierro. Hace mucho calor y decido comenzar a correr, primero a ritmo suave pero poco a poco me voy animando al ver qué tengo fuerzas. Llegamos a pueblo de la Cortinada (Km 167). Que largo se me está haciendo. Volvemos a coger el camino a orillas del rio hasta llegar a Ansalonga y Sornàs. Ya solo quedan 900 metros.

Aumento el ritmo y paso a corredores de otras pruebas. Quero llegar en solitario, quiero la meta para mí solo. Después de tantos kilómetros, llantos, alegrías, dolores, amistad, familia y amigos llego a la meta de La Ronda dels Cims en 54 horas 25 minutos puesto 126 y 64 de mi categoría. Datos totalmente anecdóticos, lo importante haber llegado. Si no hubiera sido por la fuerza de toda la gente que me ha apoyado no habría llegado a la meta. Yo tenía la parte fácil correr, pero hay otros que también son «Finisher» de esta carrera y merecen todo mi agradecimiento y sobre todo mi más profundo y sincero amor. La familia ha sido clave en esta aventura donde las cosas se han torcido un poco.

Foto: Llegada Ronda dels Cims 2.019

Quizás lo más correcto habría sido abandonar, quizás habría sido lo más fácil y quizás por eso casi lo hago. Mi cuerpo y yo nos conocemos hace muchos años. Sabía que no había problema de lesión aunque tampoco soy médico y no tengo muy clara ese concepto. Pero sabía que si no lo intentaba hasta las últimas consecuencias, el daño emocional que iba a sufrir iba a ser difícil de curar. Es mi forma de ser. Entreno muy duro para poder darlo todo en cada carrera. Cada cual debe evaluar qué grado de esfuerzo es soportable y sobre todo recuperable para poder hacer una vida normal.

En mi caso, terminé muy bien. Si no llega a ser por el agua que encontramos en Rebaixant del Maià y que provocó alguna ampolla en la planta debido a la humedad, los pies llegaron perfectos. En esta ocasión ni los tobillos, ni los pies se hincharon. Al día siguiente ya fuimos paseando a la Massana a comer desde Ordino. Paseo que repetimos en días consecutivos. Y a la tarde ya estaba con el peque en el polideportivo de Ordino nadando y haciendo bicicleta elíptica para ir echando fuera todo lo que no había sobrevivido a la prueba. Durante los días posteriores, tampoco falto la visita al rio para recuperar las piernas en sus aguas heladas.

Físicamente la recuperación va muy bien. La cabeza es la que más está tardando y una de las razones por las que se ha retrasado tanto la escritura de esta crónica. Según he ido escribiendo y recordando en detalle lo vivido, los fantasmas han ido saliendo uno a uno desde dentro de mí y se han transferido al ordenador y al blog. Por fin, nos hemos visto frente a frente y nos hemos puesto cara. 

Foto: Ronda dels Cims, tras cruzar la línea de meta

Espero que lo escrito pueda ayudar a quien el año que viene quiera plantearse como objetivo esta aventura. Yo la recomiendo al 100 %. He tenido la gran suerte de poder acabar La Ronda dels Cims la primera vez que participo y sin pasar previamente por alguna de otras pruebas que componen «Andorra Ultra Trail Valnord», no es lo normal. Este año el porcentaje de participantes que han terminado La Ronda dels Cims es del 50 % de los cuales un porcentaje muy pequeño participaban por primera vez.

Yo no lo recomiendo. La montaña andorrana requiere de un conocimiento previo bien participando en alguna de sus carreras de menor distancia pero de igual dificultad técnica o dedicando un año antes a entrenar por sus montañas. La opción primera creo que es la mejor de las dos y te dará un conocimiento más ajustado de lo que te espera en La Ronda dels Cims.

Con esto, termino mi crónica sobre una prueba preciosa y perfectamente organizada. Siempre hay cosas para mejorar y por ello la organización está muy interesada en conocer nuestra opinión para cada año mejorar y ofrecer un mejor servicio al corredor. Esta crónica es una descripción personal de lo vivido en primera persona. Son opiniones personales que creo que pueden ayudar a futuros participantes de esta prueba. Por otra parte es mi pequeño y sincero homenaje a todas aquellas personas que con sus pequeños gestos y consejos han hecho posible que termine la prueba.

Un fuerte abrazo
Aitor





 
No Comments
  • pepiblauand
    Posted at 16:49h, 05 octubre Responder

    Soy el corredor andorrano que te encontraste en el Pas de la Casa y te aseguro que no soy ningún ángel je je.
    Una corredora búlgara, con quien coincidí hace unos años también en el Pas y en una situación en la que podríamos encontrar cierto parecido dijo: "sometimes you find friends in unexpected places" .
    Me alegré mucho por ti cuando vi que habías terminado la carrera.
    Un abrazo y a seguir disfrutando de las montañas!
    Pep

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