Gorbeia Suzien 2.019 – Crónica Personal
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Gorbeia Suzien 2.019 – Crónica Personal

Gorbeia Suzien 2.019 – Crónica Personal

Una vez, más como cada año por estas fechas, la Gorbeia Suzien ya ha llegado. Tan solo, el año pasado no pudo celebrarse pero afortunadamente la organización ha recuperado la carrera para todos los apasionados a la montaña.

Para los vascos y sobre todo para los bizkainos se trata de unas montañas muy especiales que hemos recorrido muchas veces: con nuestros padres, con los compañeros del club de montaña y nuestros hijos. Cada rincón de esta carrera, te traen grandes recuerdos que te ponen las pilas y hacen que sea una carrera especial y diferente.

Desde que a unos valientes de Zeanuri, se animaron a organizar esta prueba no he fallado a ninguna de las ediciones. Unas veces, hemos llegado en una mejor condición física que en otras, con mejor o peor animo pero siempre hemos estado presentes apoyando esta prueba. La organización, no siempre o casi nunca lo han tenido fácil.

Quizás este año sea el que menos ganas tenía de ir a correr a Zeanuri, el recorrido es un auténtico lujo pero mi cabeza no está para carreras. Pensaba que estaba mejor, pero hay que darle tiempo. Disfruto mucho entrenando pero sin embargo no tengo ninguna gana de correr carreras: ni cortas, ni largas.

Tengo ganas de correr por la montaña pero hacerlo en solitario, sin tener que pararme porque se forma un atasco subiendo o con la respiración de un participante en la oreja hasta que al final te pasa por el peor de los puntos del tramo. Por eso este fin de semana, no sabía qué excusa poner para no correr la Gorbeia Suzien. Es cierto que estoy con un virus que me está fastidiando la garganta y que las piernas no están en su mejor momento, pero también es cierto que he estado peor y siempre he perdido el culo por ir a correr.

Pero la familia me conocen bien  y saben qué esta carrera la tenía que correr y además con el único objetivo de disfrutar. La verdad es que somos raros, cuando empiezas tu objetivo es acabar (esta carrera no es ninguna broma), luego quieres mejorar el tiempo y ahora el objetivo es disfrutar. Pero si no disfrutas, por qué corres ? 

Al final corro, porque me apasiona, porque me llena, porque me hace ser mejor persona y porque a pesar de la miseria y dolores, siempre y en todas las carreras hay momentos mágicos que aunque cortos, son lo suficientemente intensos como para necesitar de ellos para seguir viviendo. 

Este domingo el clima era perfecto. Un precioso cielo azul hacía presagiar que íbamos a disfrutar de una jornada impresionante de montaña, como así finalmente fue. La temperatura perfecta, con bastante viento sur en altura que a mí especialmente me mantiene con una temperatura corporal perfecto. Algunos compañeros hablaban de calor, yo no tengo conciencia de haber tenido calor y de haber sudado más de lo normal.

Este año, la salida estaba un poco cambiada pero creo que el cambio ha sido muy acertado. El domingo no tenía ninguna prisa por entrar en el corralito de salida, de echo nos estábamos tomando un café 10 minutos antes. En esta carrera, siempre he salido con el grupo de cabeza, en esta ocasión del medio hacia atrás.

Prisa ninguna, ganas ninguna pero en la línea de salida dispuesto a pasar una jornada preciosa de montaña. La salida se dio puntualmente a las 09:00 AM, la ventaja de salir en el medio es que el ritmo es más cómodo perfecto para ir cogiéndole el pulso a la subida. El ritmo es muy bueno y poco a poco las sensaciones mejoran mucho. El verde de los prados, el azul del cielo, el calor del sol y sobre todo el animo de los espectadores me cargan de energía positiva y de ganas por pasarlo genial.

En «arrastra culos», un poco después de pasar el avituallamiento líquido de San Justo, comienzan los atascos. No había mucho barro pero el desnivel de la subida ralentiza la marcha, al menos, la de los mortales.

En esta prueba, decido salir sin palos y sin mochila. Estoy hasta las narices de ambos, así que salgo con un cinturón donde llevo la alimentación: 3 geles de InfiSport, 3 barritas de gominola de Triforza y el cortavientos con capucha y una riñonera para un soft-flask de 600 ml. En la malla, me llevo las gominolas de CLIF y las mantillas masticables de NUTRISPORT. Quizás mucha alimentación pero la idea es no parar y solo emplear los avituallamientos para agua.

Sin darme cuenta ya estamos  a los pies de peña Lekanda. Todavía recuerdo el año, que subimos por la canal hasta la cima, menuda maravilla. En esta ocasión, nos quedamos a media subida para girar a nuestra derecha dirección a las campas de Arraba. Este año, de forma muy acertada el avituallamiento estaba en el refugio de la Federación Vasca de Montaña.

Tras una corta subida, comienza uno de los kilómetros más divertidos de esta carrera: correr entre piedras, recorriendo todo el cordal que va por encima del citado refugio hasta acabar con una bajada muy divertida cerca que Eguiriñao. Bajando me doblo es tobillo, es muy aparatoso pero sé que en nada se pasará el dolor y me dejará correr de  nuevo al mismo ritmo y así fue. A la llegada al avituallamiento previo a la subida a Gorbeia ya podía correr normal.

Esta subida hasta la cruz, tiene un desnivel muy interesante. Lo bueno que al conocer la subida, todo es más fácil. A la llegada la cruz, compañeros de Amurrio Trail Taldea animando, menudo lujo. Llego a la cima y lo primero un abrazo y un beso grande a la Virgen de Begoña que desde la cumbre me cuida y me protege.

En frente Aldamin, dentro de un rato pasaremos por su cima. Tras una fuerte bajada fácil a inicio y más técnica a final llegamos al avituallamiento previo s iniciar la subida a Aldamin. La subida es muy larga y la supero a ritmo constante. Tras una rampas herbosas de gran dureza llegamos al pie de la muralla de piedras que nos separan de la cima. Este es mi terreno, solo tocar las piedras siento su energía y me propulsan hacia la cima.

La bajada a los refugios de Egurinao tiene un fuerte desnivel y a pesar de alguna que otra dificultad técnica llego a los refugios sin novedad. Ahora nos vamos hacia el avituallamiento Aldamiñape pero antes tenemos un sendero corto que suele tener mucho barro y donde es muy fácil hacerse daño y todavía queda lo peor. La bajada hasta el pantano siempre está muy rota y las piernas sufren mucho. Este año no es una excepción y lo mejor está por llegar.

A la altura del pantano resbalo y caigo entre ramas a un pequeño agujero, sin más consecuencia que un susto y quedarme enredado entre zarzas que me llevan un rato soltarme. Mikel, un corredor con el que he coincidido en muchas carreras se interesa por mí y se alegra de que solo sea un susto. Tras pasar un pequeño rio, comienza la fábrica del barro de Zeanuri (siempre hay barro, aunque no haya llovido en meses). Es una tramo de bajada bastante rápido y llevadero pero que el barro hace que sea un tramo de carrera, donde haya que tener cuidado.

Tras el último avituallamiento sólido, comienza las dos últimas subidas que como no hayas guardado un poco, te va a sacar los colores. Tras la última subida y tras una corta bajada llegamos al último avituallamiento (todo un acierto y que bien sienta ese vaso de agua). De aquí, hasta Zeanuri. El bosque acaba y el asfalto indica que ya solo queda un kilómetro para llegar a la meta.

Este año, al igual que en la salida, la llegada se ha cambiado. Giras y te encuentras con todo el mundo aplaudiendo en la meta. Ya se ha terminado, he disfrutado mucho y sin duda alguna me alegro mucho de haber participado. Correr esta prueba es un auténtico lujo, perfecto itinerario y perfecta organización para un día perfecto. Finalmente, un tiempo de 4:49:13

En meta, la familia y su sonrisa de complicidad. He llegado a meta con una sonrisa que no me cabe en la cara. Al de nada, llega a meta, Imanol. Un corredor con el que he compartido algunos kilómetros de carrera y con el que he tenido la oportunidad de charlar mientras disfrutábamos del barro y de los bosques cercanos a Zeanuri.

La verdad es que las zapatillas, no tenía tanto barro. Las viejas Speed Cross PRO se han portado perfectas, como siempre. Tenía ganas de volver a sentirme corredor y por lo menos aunque no lo haya sido, lo he sentido como tal. La ducha esta vez, con la manguera eso sí con las mallas puestas. Mientras me estoy vistiendo me encuentro con Boli, un compañero de TECNIRUNNER que hasta ahora no había la oportunidad de conocer en persona. Todo un placer, haber podido conocerle. Si no hubiera ido, me lo habría perdido y no siempre se tiene la oportunidad de conocer grandes personas.

Por primera vez, el domingo comimos en el Polideportivo. Menudo ambiente festivo y de montaña. Todos sentados juntos, en torno a una misma mesa. Compartiendo anécdotas y sobre todo aprendiendo mucho de todo el mundo.

Gran domingo y gran carrera. Muchas gracias Gorbeia Suzien 2.019.

Gorbeia Suzien 2.019 – Sailkapen Orokorra

Un abrazo
Aitor







No Comments
  • Imanol
    Posted at 15:36h, 01 octubre Responder

    Buena crónica!
    Un placer haber compartido contigo los últimos kms.
    Imanol

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