Ibones, Pico (2.574 m), Vertice (2.555 m) de Anayet
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Ibones, Pico (2.574 m), Vertice (2.555 m) de Anayet

Ibones, Pico (2.574 m), Vertice (2.555 m) de Anayet

La ascensión a los ibones de Anayet es una de las excursiones más agradecidas del Pirinéo Aragones. La visita a estos ibones siempre es una buena excusa para ascender a los ibones que seguramente tengan mejores vistas de todo el Pirineo. Estos ibones son el espejo donde se miran montañas tan míticas como: Midi d’Ossau (2.884m) , Pico Anayet (2.574 m) o el vértice del Anayet (2.555 m). Un balcón mágico a la Rinconada, final de la espléndida Canal Roya. Desde el más pequeño de los ibones se puede apreciar con todo detalle cómo la GR-11 alcanza desde el fondo del valle, la plataforma donde se encuentran los ibones de Anayet. Lo transitado de la ruta de ascenso hasta los ibones en verano, no impide que todos podamos disfrutar de este maravilloso enclave natural. En la montaña hay sitio para todos, siempre que nos acerquemos a ella con prudencia y sensatez para no abordar aventuras que no están al alcance de nuestras posibilidades. Como seguramente ya conoceréis en cada una de nuestras publicaciones en redes sociales, el hashtag que siempre aparece es #RecorreLaMontañaTuRitmo y pretende animar a disfrutar de las montañas a todo el mundo.

«Creo que el conocimiento de las montañas es el primer paso para quererlas y defenderlas. Pero sobre todo para cuidarlas y respetarlas, dejándolas siempre igual o mejor que nos la hemos encontrado«

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Foto: Midi d’Ossau (2.884m) desde el más pequeños de los ibones

Como ya sabréis a través de nuestra última crónica, ayer ascendimos al Collarada desde Villanúa y hoy 1 de Agosto de 2.020 queremos disfrutar del Pirineo pero de una forma más sosegada y por eso hemos elegido desplazarnos desde Jaca hasta Formigal para ascender hasta los ibones de Anayet. La previsión de tiempo es buena, así que repetimos el material que empleamos el día anterior. La hidratación y la alimentación de cada uno de nosotros lo calculamos en base a la estimación de horas previstas para realizar la actividad. Cada uno lleva su alimentación, hidratación y junto a la chaqueta ligera impermeable, no puede faltar unos guantes, una visera, un buff y crema protectora para el sol y los labios. A pesar que vamos a encontrar agua en el itinerario, llevamos 2 bidones de 500 ml (600 en mi caso) al que yo le sumo la bolsa de hidratación con 1.500 ml. Quiero seguir acostumbrandome a su uso y a la sensación de tener una ola que constantemente se mece en tu espalda. Además de todo este material, yo siempre llevo un pequeño botiquín por si tenemos que hacer una cura de urgencia y los mapas cartográficos de la zona. Desayunamos sin prisa en la habitación y luego lo rematamos con un buen café en la cafetería del hotel antes de coger el coche camino de Formigal.

«Nunca salgáis a la montaña sin un equipamiento básico, en tiempo en altura puede cambiar rápidamente«

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Foto: Iniciamos la jornada

La distancia entre Jaca y Formigal es de 52 km, aproximadamente unos 48 minutos de viaje que se hacen de forma muy cómoda. En la carretera hay bastante tráfico aunque este va muy fluido y no hay ningún tipo de retenciones. Como era de esperar el acceso desde el Corral de las Mulas al aparcamiento de la telesilla de Anayet está cerrado y el espacio para aparcar en el Corral de las Mulas es escaso, pero sin embargo unos metros más arriba, dirección Portalet, existe un aparcamiento de gran capacidad que se puede aparcar perfectamente. Aproximadamente este aparcamiento se encontrará a unos 2,5 Km después de superar la rotonda que lleva a la urbanización de Formigal. Tras esta breve excursión en coche a las 10:20 AM nos ponemos en marcha. Lógicamente a esa hora mucha gente ya baja. Nos llama la atención de gente muy joven que baja con su pequeña mochila y saco de dormir. Poco después vemos a algún adulto con tienda de campaña. Seguramente subieron ayer a la tarde y disfrutaron de una mágica cena a la luz de las estrellas. Dormir en la montaña es algo mágico, siempre no es posible instalar una tienda debido a lo abrupto del terreno o a las limitaciones medio ambientales aunque siempre es posible encontrar un vivac donde podremos dormir protegidos del viento, teniendo el cielo por techo. La verdad es que la montaña nos regala momentos maravillosos que ya nunca se borrarán de nuestra cabeza y que cada vez que los recordemos extraerán de nosotros una enorme sonrisa.

Foto:. Hacia la parte derecha de la foto comienza la ascensión

Entre el Corral de las Mulas y el parking de la telesilla de Anayet nos separa una pista asfaltada de 2 kilómetros, que en invierno está abierta y da acceso al parking, En este, existe un edificio con servicios generales de la estación de ARAMON Formigal y que en esta ocasión está completamente cerrado. Estos primeros kilómetros son al inicio en bajada hasta llegar al fondo de valle para posteriormente ir ascendiendo hasta alcanzar el parking. Una vez llegado, nos dirigimos hacia la telesilla de la derecha. Como referencia, tenemos el río, que aún está más a la derecha. El camino es fácil de seguir y está perfectamente indicado. El buen tiempo y el paisaje ha reunido hoy a mucha gente en la montaña, siendo sencillo encontrar el camino. Enseguida aparecen las marcas rojas y blancas de la GR-11 que vienen desde la Rinconada, tal y como hemos indicado anteriormente. El camino avanza paralelo al río, el cual gira a la derecha para adentrarse en el barranco de Culivillas. Vamos a buen ritmo pero tranquilos, nos cruzamos con mucha gente que como ya hemos indicado antes, mayoritoriamente desciende de los ibones. Según el camino alcanza el final del barranco, comenzamos a notar de forma más acusada la pendiente. El río ahora queda a nuestra izquierda y nosotros ascendemos por la derecha. Según la pendiente va aumentando la gente que asciende se va acumulando, el camino no es complicado pero el esfuerzo de la subida comienza a hacer mella en los menos acostumbrados y decidimos tomar un camino más a la derecha para poder mantener nuestro ritmo de subida con cierta comodidad. Cuando coronamos el final del barranco llegamos a la Mallata o Llanos de Anayet. Un precioso y herboso llano donde vemos por primera vez la cima del Pico Anayet y a su izquierda lo que creemos que puede ser el Vértice de Anayet. Avanzamos un poco por un sendero perfectamente marcado y ya vemos el más grande de los ibones e intuimos la ubicación del pequeño al que luego visitaremos a la hora de comer.

Foto: Pico Anayet (2.574 m) en primer término desde los ibones
Foto: Vértice del Anayet (2.555 m a la izquierda dela foto

La idea inicial era quedarnos en los ibones y si nos sentíamos con ganas, subir hasta el Vertice del Anayet (2.555 m). A pesar de lo clásica que esta ascensión que os estoy narrando hoy, nunca la había realizado antes y la verdad es que me ha impresionado mucho tanto por su belleza, como su dureza. A pesar que podáis leer que es muy fácil, os puedo asegurar que al menos a mí, las piernas se me han calentado más de lo esperado. El problema es que una vez llegado a los ibones y tener de frente el Pico Anayet (2.574 M), es imposible, al menos para mí, resistirse a su llamada. pero somos un equipo y tenemos que comentarlo antes. Tras unos breves segundos de conversación, Ainhoa nos comenta que ella se queda en el ibón grande esperándonos tranquilamente y que cuando bajemos nos vamos al ibón inferior a comer tranquilamente los tres. Alain y yo salimos disparados hacia el collado que separa el pico del vértice. Es la primera vez que voy a intentar subir a ambos y aunque he leído mucho sobre ambos, no sé lo que nos vamos a encontrar. Lo que tenemos claro, es que hoy hay mucha gente en la montaña y que tenemos que ir lo más rápido posible hacia arriba para evitar accidentes. Antes de la llegada al collado, superamos a varios grupos que van con guía y que no van especialemnte sueltos. Al llegar al collado giramos hacia la derecha y nos vamos directamente hacia donde la roca adquiere ese color rojizo, tan característico de este pico. En poco tiempo estamos a pie de la pedrera que da acceso a la parte más expuesta de la ruta normal de ascensión a este pico. Se trata de un paso horizontal en dos alturas, asegurado por cadenas. En verano y en seco es un paso sencillo pero que se puede complicar mucho en invierno o en condiciones de piedra húmeda. No es un paso complicado, pero sí expuesto. En lugar de coger la cadena en la parte baja, realizamos una travesía horizontal por roca con muy buenos agarres que nos permite a Alain y a mí alcanzar el tramo final de la cadena en muy poco tiempo y sin molestar a ninguno de los montañeros que están haciendo uso de la cadena desde su inicio. La parte final de la travesía, es la más expuesta y aunque se puede librar sin hacer uso de la cadena, preferimos usarla. Tras las cadenas, una travesía horizontal muy sencilla nos coloca a pie de la chimenea del Anayet. La gran dificultad, es la cantidad de gente que te encuentres en la chimenea y la experiencia de esta en este tipo de entornos. El mayor riesgo, es la caída de piedras. Yo os recomiendo el uso de casco para evitar sustos. Nosotros, cometimos la imprudencia de no llevar casco, así que nos tocó andar muy finos con la caída de piedras. Afortunadamente no encontramos mucha gente en la chimenéa y la que está conoce lo que hay que hacer en caso de que se mueva alguna piedra.

«Lo más importante, si mueves una piedra es que esta no caiga, así que lo que tienes que hacer es pararla y retirarla a un sitio seguro para que no moleste a nadie que vaya a subir o bajar. Si ves que el de delante desprende una piedra y no tiene todavía velocidad, debes pararla. A ti, no te va a costar nada y puedes evitar un posible accidente

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Es increíble la velocidad que puede coger una piedra muy pequeña y lo que puede hacer si impacta con una persona a esa velocidad. Mucha precaución y sobre todo mucha serenidad. La chimenea, la superamos a buen ritmo y tras girar hacia la derecha, nos encontramos ya en la cima del Pico Anayet (2.574 m). Las vistas son impresionantes, pero como siempre hacia donde van nuestros ojos es al Midi d’Ossau (2.884 m). Es la primera vez, que subo a este pico y tengo la suerte de hacerlo en la mejor compañía. Alain ha subido como un tiro, está muy fuerte y está disfrutando mucho de la piedra, el desnivel, las pequeñas trepadas pero sobre todo, con el paisaje. Ver sus ojos, es ver los míos hace ya unos cuantos años. Ese brillo en sus ojos es algo que desgraciadamente ya no se ve tanto en la montaña.

Foto: Alain en la cima del Pico Anayet (2.574 m)

El paisaje es impresionante, dan ganas de sentarse en la cima y no moverse. Pero no podemos dormirnos, los grupos que hemos pasado en la subida pronto llegarán a las cadenas y el atasco puede ser monumental. Aprovechamos un momento, en el que prácticamente no hay nadie en la chimenea para iniciar nuestro descenso. La bajada, impone más que la subida, en todo momento eres consciente del desnivel y es más sencillo tirar piedras, así que tenemos que extremar el cuidado para no tirar ninguna piedra. Hacia la mitad de la bajada, se oye «piedra», Alain que va detrás mío, la consigue detener y la retira hacia un lado. En la montaña, todos dependemos de todos y entre todos nos ayudamos. Afortunadamente ha sido más ruido que otra cosa. El grupo que estaba delante nuestro, decide dejarnos pasar y ya en solitario alcanzamos la primera plataforma horizontal que nos lleva a la travesía horizontal con cadenas.

Foto: Detalle de la travesía horizontal (bajando)
Foto: Detalle de la parte final de la cadena (bajando)

Cuando llegamos, la gente está un poco atascada, el primer paso es un poco expuesto, por la posición, pero tal y como está la piedra tiene una adherencia perfecta. Sin embargo, la gente está atascada. Pedimos permiso y sin pensarlo superamos el paso, Alain me sigue. Ya solo queda una pequeña travesía horizontal y descender hacia la pedrera. Cuando hay tanta gente esperando lo mejor es usar la cadena de pasamanos y bajar del tirón. Técnicamente no es la mejor manera, pero si es segura y la más rápida cuando la vía está saturada. Al poco de llegar a la pedrera, lo hace Alain y seguimos el descenso. En lugar de hacerlo por la pedrera, no perdemos altura y tomamos la parte alta de la rocas rojizas que se encuentran a la derecha. Las recorremos por su parte más alta. La adherencia es impresionante y a pesar del desnivel no hay ningún tipo de peligro. Hacia la final, encontramos un estrecho corredor que baja hacia el lado opuesto de la ruta normal. Desde arriba podemos observar cómo a sus pies surge un camino que conecta con el sendero normal. Destrepamos el corredor aprovechando la perfecta adherencia de la roca que nos permite descender de frente a la pendiente, pudiendo controlar en todo momento el descenso. En la parte final, hay que ser especialmente fino y cuidadoso con donde se pisa. El corredor, termina en un embudo donde se acumula la piedra más pequeña que ha sido arrancada por el viento como consecuencia de la erosión. Un resbalón puede provocar que nos hagamos daño y no cuesta nada ir un poco más despacio. Una vez, descendido el corredor llegamos rápidamente al sendero de la ruta normal y en minutos estamos en el collado que separa el pico del vertice.

Foto: Salida muy sucia en horizontal. Mucha piedra fina suelta

El Pico Anayet (2.574 m) nos ha enamorado, todavía estamos con el subidón y la energía que transmite su roca. Llegamos al collado muy contentos con lo vivido. Al llegar al collado nos ponemos ha hablar, casi de forma espontánea, con unos montañeros, que ayer habían ascendido de Canal Roya, por la Rinconada hasta alcanzar los ibones de Anayet, donde han pasado la noche. Es uno de los placeres de la montaña, cuando tienes alguna duda, preguntas y entre lo que sabe uno y otro al final acabas encontrando la mejor opción, en este caso para encontrar unos ibones que solo aparecen en el mapa en papel de la Editorial Alpina. Tras la agradable conversación, nos tomamos un gel y sin tener que decir nada más vamos camino del vértice. La subida no presenta ninguna dificultad, salvo el desnivel que se debe de salvar y la roca que está un poco suelta en su parte final. El camino es muy ancho y sin ningún tipo de camino. Existen muchos trazas de caminos para subir, unos más rectos que seguramente se habrán formado cuando la gente desciende y otros más en diagonal que tiene pinta que son los que se emplean para subir. No nos encontramos a mucha gente subiendo, la pendiente está calentando mucho nuestras piernas. Nuestro ritmo es alto pero queremos que sea así, nos gusta subir fuertes a ritmo para superar cuanto antes este desnivel. La subida se nos hace realmente corta, aunque nuestras piernas si que han notado el fuerte desnivel. Las vistas desde el Vértice de Anayet (2.555 m).son magníficas, nada que envidiar a las del pico.

«Recomiendo subir hasta el vértice, es una subida un poco larga y bastante dura, debido al fuerte desnivel a superar desde los ibones, pero que realmente merece la pena»

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Foto: Cima del Vértice de Anayet (2.555 m)

En la cima, coincidimos con unos franceses muy simpáticos que nos hacen las fotos de cima y con los que intercambiamos impresiones sobre el magnífico espectáculo que estamos presenciando. Ha sido la primera ascensión al Vértice de Anayet (2.555 m). tanto para Alain y para mí. No se puede pedir más, una cima con unas preciosas vistas en la mejor compañía. Recorrer la montaña en familia, siempre representa un plus.

«Tenía mucho interés en conocer la subida al Vértice de Anayet (2.555 m), ya que forma parte del recorrido de la Canfranc-Canfranc 100 K y me ha sorprendido mucho. Primero por su belleza y segundo por su dureza. Pensaba que iba a ser un poco más suave y la verdad que ha sido una buena idea conocer la subida antes. Aunque la dureza o dificultad no se suaviza, mentalmente la cabeza, trabaja mucho mejor conociendo cómo es la subida«

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Foto: Impresionante vista del Midi d’Ossau (2.884m) , Pico Anayet (2.574 m)

EL desnivel que ha habido que superar para subir, invita a correr en el descenso. Se puede bajar muy rápido. No encontramos prácticamente gente subiendo así que bajamos a todo gas hasta el collado, al que llegamos rápidamente. Los primeros metros de descenso desde el collado, son un poco más complicados técnicamente y tenemos que frenar un poco nuestra fogosidad. Un enganchón con la puntera de mí zapatilla en una piedra, dispara el freno de seguridad. Uff, he librado el golpe de milagro. Ralentizamos la marcha hasta alcanzar el llano y a partir de este momento a tope hasta donde se encuentra esperándonos Ainhoa. Se pelea cada metro, aunque pronto queda claro que, al menos, en este terreno, la juventud es muy superior a la veteranía. Así que termino, en una meritoria segunda posición. Ya estamos de nuevo los tres y decidimos ir a comer al ibón que es más pequeño y que está casi colgando de la Rinconada. Curiosamente, se encuentra muy cerca del grande y sin embargo hay mucha menos gente. Aprovechamos para comernos el sándwich de pavo, que tanto nos hemos merecido, sabe a gloria. Durante la comida, comentamos con Ainhoa todas nuestras aventuras y peripecias. Estamos de maravilla pero poco a poco tenemos que pensar en bajar. Aprovechamos para ver la subida de la GR 10 al final de Canal Roya, es impresionante las vistas desde aquí arriba. Justo en el punto, en el que nos encontramos caen las aguas de los ibones de Anayet al fondo de la Rinconada. Desde donde nos encontramos no se puede ver la caída pero sí podemos air el ruido.

Foto: Detalle de la GR 10 que asciende desde la Rinconada (canal Roya) hasta los ibones de Anayet)
Foto: Cargando los bidones antes de bajar

Rellenamos nuestros bidones en un salto de agua que se forma metros antes de caer al vacío y ascendemos hasta el ibón más grande para comenzar la bajada que nos llevará de nuevo al parking de Anayet. Durante la bajada, coincidimos con gente pero nada que ver con la subida. Es una bajada que en todo momento te acompaña el sonido relajante del río. Nuestras piernas notan ya el cansancio pero sin embargo nos da mucha pena abandonar un paisaje tan espectacular. .Nos ha cautivado a todos su belleza. La llegada a la telesilla de Anayet rompe está magia y la dureza del asfalto nos recuerda que esta aventura ya se está acabando. Hacemos este último tramo de carretera asfaltada en silencio disfrutando de las vistas de los Pirineos que tenemos de frente. Un espectáculo que tendremos que dejar para una próxima jornada ya que está poco a poco toca a su fin.

«Recomiendo mucho esta ruta, con independencia de sí se asciende al Pico (2.574 m) al Vértice (2.555 m) de Anayet o nos quedamos en los ibones ( 2.233 m). Simplemente poder estar tumbado con las vistas de los ibones y del majestuoso Midi d’Ossau (2.884 m) es algo difícil de olvidar«

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Foto: Esta crónica llega a su final

Un saludo

Aitor

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